A vueltas con el método Doman

Bits de inteligencia

Hace unos días Elisa Guerra me facilitó un enlace a un estudio sobre la supuesta eficacia del llamado método Doman (bits de inteligencia y patterning) para favorecer el desarrollo neurológico de niños con Síndrome de Down.  Lo hacía a través de un comentario a mi post ¿Dónde están los niños genios de Glenn Doman?. El trabajo en cuestión fue publicado por Patrick James Baggot y Rocel Medina Baggot en 2016 por la revista Journal of American Physicians and Surgeons. En síntesis, los autores de esta investigación concluían que el método Doman puede llegar a doblar el ritmo del desarrollo neurológico de los niños con Síndrome de Down. Tras leer atentamente el estudio, voy a hacer una serie de observaciones que afectan de forma importante tanto a la credibilidad de las fuentes como a la validez de sus conclusiones.

  1. Sobre la revista

Copio literalmente la advertencia que ofrece la Wikipedia en su entrada sobre la asociación que publica esta revista (las negritas son mías):

“The Journal of American Physicians and Surgeons is not listed in academic literature databases such as MEDLINE/PubMed or the Web of Science. The quality and scientific validity of articles published in the Journal have been criticized by medical experts, and some of the political and scientific viewpoints advocated by AAPS are not held by mainstream scientists and other medical groups. The U.S. National Library of Medicine declined repeated requests from AAPS to index the journal, citing unspecified concerns. Quackwatch lists JPandS as an untrustworthy, non-recommended periodical. An editorial in Chemical & Engineering News described JPandS as a “purveyor of utter nonsense.”  Investigative journalist Brian Deer wrote that the journal is the “house magazine of a right-wing American fringe group [AAPS]” and “is barely credible as an independent forum.” Writing in The Guardian, science columnist Ben Goldacre described the Journal as the “in-house magazine of a rightwing US pressure group well known for polemics on homosexuality, abortion and vaccines.”

En resumidas cuentas, esta revista no está reconocida por la comunidad científica.

  1. Sobre los supuestos teóricos de los autores

Los autores sostienen que los ejercicios que caracterizan al patterning, como el gateo o la braquiación (recorrer colgado una escalera horizontal con la ayuda de las manos), favorecen el desarrollo neurológico. Sobre el primero afirman que “es recomendable que los niños gateen un mínimo de cuatro horas al día”. También mencionan una práctica que yo no conocía, el “masking”, que consiste básicamente en respirar a través de una “máscara  especial” para supuestamente aumentar el dióxido de carbono y estimular así el desarrollo pulmonar, el volumen torácico, la vasodilatación cerebral e incluso la circunferencia de la cabeza. Por supuesto, ninguna de estas afirmaciones va acompañada de referencias. De la misma forma, los autores no citan en ningún momento las advertencias de la Asociación Americana de Pediatría sobre la falta de eficacia del patterning y los altos costes económicos y personales que lleva asociados (1982, 1999).

Junto con el patterning, los autores también sostienen que los conocidos bits de inteligencia son eficaces para los niños con Síndrome de Down. Además, señalan que estos materiales se puede usar para enseñar a leer a bebés de 4 a 6 meses de edad o para enseñar contenidos matemáticos, como la estimación, desde “un enfoque de hemisferio derecho”. Sin embargo, conviene destacar que todas estas afirmaciones constituyen mitos conocidos y  sólidamente desacreditados por la comunidad científica. Si alguien quiere saber más sobre ellos puede obtener más información aquí, aquí, aquí o aquí.

  1. Sobre el método del estudio y su peso en los resultados

Curiosamente, los autores comienzan citando los punto débiles de un estudio anterior (von Tetzchner y cols., 2013). En concreto, critican el reducido tamaño de la muestra, la gran variedad de diagnósticos que presentan los participantes o la edad a la que se comienza a intervenir con ellos. Sin embargo, su trabajo está plagado de defectos no menos importantes que invalidan las conclusiones alcanzadas, algunos compartidas con el estudio de 2013. Citaré solo algunos de ellos. Posiblemente el problema más obvio e importante del estudio es que carece de grupo de control. Se trata de un diseño pre-post que no permite confirmar si los cambios se deben a la intervención objeto de estudio o a otras variables como la simple maduración de los niños, el curso natural de la enfermedad, o el impacto de actividades ajenas a la intervención. A este defecto hay que añadir que las pruebas que utilizan para medir el ritmo del desarrollo neurológico antes y después de la intervención son pruebas propias, no estandarizadas, y los autores no aportan en ningún momento información sobre las tareas que éstas incluyen. Por último, tanto la muestra como la intervención apenas se describen en el artículo (por ejemplo, no aportan información sobre el número de sesiones, duración de las mismas, tareas específicas que se realizan, etc.). En conjunto, esto supone que ningún otro investigador podría repetir este estudio o juzgar si las herramientas que se han utilizado son válidas o fiables, porque la información necesaria sencillamente no está disponible ni referenciada. Para que el lector se haga una idea de la importancia de estos defectos metodológicos, baste decir que ningún medicamento podría aprobarse en base a un estudio de estas características.

  1. Sobre las conclusiones

Las importantes limitaciones mencionadas no les impiden a Baggot y Baggot concluir que el método Doman es eficaz a la hora de promover el desarrollo neurológico de los niños con Síndrome de Down. Esta conclusión se apoya en otros estudios propios publicados en este misma revista, buscando paralelismos con experimentos con ratas sometidas a una privación sensorial extrema o echando mano de los mitos ya mencionados en la introducción.

En definitiva, este estudio no altera las conclusiones principales de mi entrada anterior: A día de hoy no existe evidencia científica convincente que demuestre la eficacia del método Doman.

Referencias

American Academy of Pediatrics (1982). The Doman-Delacato treatment of neurologically handicapped children. Pediatrics, 70, 810-812.

American Academy of Pediatrics (1999). The treatment of neurologically impaired children using patterning. Pediatrics, 104, 1149-1151.

Baggot, P. J., & Baggot, R. M. (2016). Doubling the Rate of Neurologic Development in Down Syndrome: a Pilot Study. Journal of American Physicians and Surgeons, 21, 41-46.

von Tetzchner, S., Verdel, M., Barstad, B. G., Gravås, E. M., Jahnsen, R., Krabbe, S., Ramstad, K., Schiørbeck, H., Skjeldal, O. H., Tranheim, R. S., Bang, B., Jensen, B., Jensen, H., Kildemoes, L., Mottlau, J., Rasmussen, K. V., & Ytting, H. (2013). The effect of interventions based on the programs of The Institutes for the Achievement of Human Potential and Family Hope Center. Developmental Neurorehability, 16, 217-29.

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Un pensamiento en “A vueltas con el método Doman

  1. He llegado a las mismas conclusiones. Para mi, el fallo más importante es la ausencia del grupo de control. Sin grupo de control, podemos llegar a las conclusiones que quisiéramos. Las revistas indexadas (serias y rigurosas) no publican estudios como este.

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