¿Es eficaz el método de integración sensorial de Ayres®?

Ayres _Integración sensorial

Hace unas semanas recibí un comentario del que fuera el presidente de la Sociedad Española de la terapia de integración sensorial de Ayres, Alberto León,  en respuesta a un post que escribí tiempo atrás sobre este tipo de intervención. Muy amablemente, León, al que agradezco desde aquí su mensaje, me advertía de las posibles flaquezas de las fuentes de información en las que me había apoyado para escribir el post y me facilitaba una serie de artículos para ahondar en el asunto. Dada la importancia que tiene clarificar qué evidencia existe sobre la eficacia de métodos dirigidos a tratar las dificultades de aprendizaje, los problemas conductuales o el autismo, entre otros, decidí revisar nuevamente la literatura sobre integración sensorial y escribir el siguiente post.

La integración sensorial de Ayres debe el nombre a su autora, la doctora A. Jean Ayres (en el post anterior me referí a ella equivocadamente como si fuera un hombre). De acuerdo con la web oficial del método de integración sensorial de Ayres®:

“La integración sensorial es un proceso neurobiológico que organiza las sensaciones del propio cuerpo y del entorno y posibilita el uso efectivo del cuerpo dentro del entorno. Una deficiencia en la habilidad del individuo para implicarse de forma efectiva en la interacción organismo-entorno en períodos críticos interfiere con un desarrollo óptimo del cerebro y consecuentemente con el funcionamiento general. La teoría sostiene que el trastorno de la integración sensorial explica algunos aspectos de las dificultades de aprendizaje y que favorecer la integración sensorial facilitará el aprendizaje en aquellos niños cuyos problemas residen en este campo.”

Según Ayres, un sistema sensorial bien organizado puede integrar la información de múltiples fuentes (visual, auditiva, propioceptiva o vestibular) pero cuando este sistema no funciona las neuronas sensoriales no actúan de forma eficiente y conducen a deficiencias en el desarrollo, el aprendizaje o la regulación de las emociones.

Llegados a este punto, es importante subrayar que la Asociación Americana de Pediatras (en adelante, AAP) ya en el año 2012 advirtió lo siguiente:

Aún no está claro que los niños que presentan dificultades de procesamiento sensorial, tal y como se han descrito, tengan en realidad un trastorno de las vías sensoriales del cerebro o si más bien estas deficiencias reflejan diferencias asociadas a otro tipo de trastorno del desarrollo o de la conducta. Más concretamente, las diferencias observadas en la conducta de niños con espectro autista, TDAH y trastornos del desarrollo se solapan con los síntomas descritos en los niños con deficiencias en el procesamiento sensorial. Los estudios realizados hasta la fecha no han demostrado que el trastorno de integración sensorial exista como un trastorno independiente de estos otros trastornos del desarrollo.

La falta de evidencia disponible para confirmar la veracidad de la teoría de la integración sensorial, esto es, de la existencia de un déficit específico del procesamiento de información sensorial, podría ser suficiente para hacer una llamada a la prudencia a los profesionales de la educación y de la salud así como a las familias sobre el uso y tratamiento de este tipo de diagnóstico. Sin embargo, creo que es conveniente hacer además un análisis crítico de la aplicación práctica de esta teoría.

En 2008, Leong y colaboradores realizaron un meta-análisis sobre la eficacia de los métodos de integración sensorial en la mejora de las dificultades de aprendizaje. Los resultados de este estudio mostraban que este tipo de intervenciones no mejoran el aprendizaje de los niños tratados. Sin embargo, los autores y practicantes del método de integración sensorial de Ayres® no dieron por válidas estas conclusiones ya que, en muchos de los estudios incluidos en el meta-análisis, se detectó una falta de fidelidad en la aplicación del método o una falta total de información sobre el grado de fidelidad al mismo (volveremos más tarde a este y a otros meta-análisis y revisiones sobre este tipo de intervención). De hecho, Parham y colaboradores ya habían señalado que la mayoría de los 80 estudios publicados hasta el momento sobre la eficacia de los métodos de integración sensorial presentaban las debilidades que acabamos de mencionar. Este pudo ser el motivo por el que, en el año 2002, un grupo de terapeutas ocupacionales de diferentes lugares de Estados Unidos decidió definir los principios básicos de la intervención en integración sensorial (Parham y cols., 2007) y posteriormente registrar la marca integración sensorial de Ayres® (Smith y cols., 2007). En esta misma línea, en 2011 el equipo de Parham publicó una medida de fidelidad del método de integración sensorial de Ayres®. Y este mismo año se ha publicado un manual de aplicación del método que, según sus autores, está listo para su empleo en la práctica profesional y en la investigación (Hunt y cols, 2017). El fin último de todas estas acciones es garantizar que la aplicación del método se ciñe a las directrices que estableció inicialmente Ayres y que han continuado refinando y desarrollando sus discípulos.

Sin duda, la aplicación incompleta o incorrecta de un método de intervención, sea cual sea, impide una evaluación válida de su eficacia. Aquí coincido plenamente con los autores y practicantes del método de integración sensorial de Ayres®. Ahora bien, los últimos meta-análisis realizados controlan la fidelidad hacia el método original (por ejemplo, Leong y cols., 2015). Más aún, las principales críticas que han recibido muchos de los estudios que han puesto a prueba la eficacia del método no tienen nada que ver con la fidelidad con la que se ha aplicado el mismo. Uno de los problemas metodológicos más repetido en los trabajos que miden el efecto del método Ayres® es el uso de muestras muy pequeñas. Este hecho se puede comprobar en los estudios incluidos en la mayoría de revisiones (May-Benson y cols., 2010) y meta-análisis (Leong y cols., 2015a; Leong y cols., 2015b) sobre el método Ayres® en particular así como en las revisiones (Baranek, 2002; Hoehn y cols., 1994; Lang y cols., 2012; Polatajko y cols., 1992) y meta-análisis (Leong y cols., 2008; Ottenbacher, 1982; Vargas y cols, 1999) sobre los programas de integración sensorial en general que incluyen estudios sobre la eficacia de este método. Otro fallo metodológico importante que también se puede observar en los meta-análisis y revisiones citados es que, en muchos de los estudios, se compara la mejora obtenida por un grupo experimental entrenado con el método Ayres® frente a la mejora de un grupo control al que no se entrena con ningún método (en lugar de hacerlo con un método alternativo). Bajo este diseño metodológico no es posible determinar si las mejoras observadas en el grupo experimental se deben al método Ayres® o al efecto que tiene la novedad de cualquier tratamiento nuevo en la conducta de los participantes. A este fenómeno se le conoce bajo el nombre de Efecto Hawthorne. Cabe señalar que, en las revisiones y meta-análisis donde se compara la eficacia del método Ayres frente a otros métodos alternativos, no se obtienen diferencias significativas (por ejemplo, Leong y cols., 2015a; Vargas y cols.,1999). Otro error metodológico presente en los estudios sobre integración sensorial es la falta de un seguimiento de los efectos del método a largo plazo. En los casos en los que sí existe este seguimiento, lo que se observa es que los efectos del método no se mantienen con el tiempo. Este dato es importante ya que, de acuerdo con Ayres, su método está dirigido a abordar las deficiencias en el procesamiento neurológico que a su vez subyacen a la ejecución de otras habilidades de orden superior. La falta de efectos a largo plazo en habilidades de este tipo pone en cuestión la fundamentación de la propuesta de Ayres (Leong y cols., 2015a). Otros fallos que también se citan en los trabajos de revisión realizados son los pobres diseños experimentales, la falta de controles comparables, la escasa descripción del tratamiento empleado, la falta de información sobre el proceso de selección de los participantes, la gran heterogeneidad en la duración de las intervenciones, la frecuencia de las sesiones y el tipo de muestra (patentes en la mayoría de revisiones y meta-análisis) o la falta de una descripción operativa precisa de las variables dependientes, entre otros muchos. Dicho esto, no es de extrañar que todos y cada uno de las revisiones y meta-análisis que he revisado reconozcan que es necesaria más y mejor investigación sobre el método de integración sensorial de Ayres®. Y lo hacen con independencia de que sus estudios arrojen resultados a favor o en contra del método.

Llegados a este punto, me parece importante retomar el documento elaborado por la AAP en 2012.  La conclusión de los autores es la siguiente:

“Por el momento, los pediatras no deben usar el trastorno del procesamiento sensorial como un diagnóstico. Cuando se presenten estos síntomas sensoriales, se deben considerar y evaluar minuciosamente otros trastornos del desarrollo (específicamente, los trastornos del espectro autista, el TDAH, los trastornos del desarrollo de la coordinación y los trastornos de ansiedad), a menudo junto con las derivaciones correspondientes a pediatras especializados en desarrollo y conducta, psiquiatras o psicólogos infantiles.”

A modo de conclusión, a día de hoy, el método de integración sensorial de Ayres® carece de evidencia sólida sobre su eficacia y, por tanto, como ya han recomendado diferentes médicos e investigadores, su uso no es conveniente en la población escolar más allá de fines experimentales.

Referencias

American Academy of Pediatrics (2012). Sensory integration therapies for children with developmental and behavioural disorders. Pediatrics, 129, 1186.

Baranek, G. T. (2002). Efficacy of sensory and motor interventions for children with autism. Journal of Autism and Developmental Disorders, 32, 397-422.

Hoehn, T. P., & Baumeister, A. A. (1994). A critique of the application of sensory integration therapy to children with learning disabilities. Journal of Learning Disabilities, 27, 338–350.

Hunt, J., van Hooydonk, E., Faller, P., Mailloux, Z., & Schaaf, R. (2017). Manualization of occupational therapy using Ayres Sensory Integration® for autism. OTJR: Occupation, Participation and Health, 1-8.

Lang, R., O’Reilly, M., Healy, O., Rispoli, M., Lydon, H., Streusand, W., & Giesbers, S. (2012). Sensory integration therapy for autism spectrum disorders: A systematic review. Research in Autism Spectrum Disorders, 6, 1004–1018.

Leong, H. M., Carter, M., & Stephenson, J. R. (2015a). Meta-analysis of research of sensory integration therapy for individuals with developmental and learning disabilities. Journal of Developmental and Physical Disabilities, 27, 183-206.

Leong, H. M., Carter, M., & Stephenson, J. R. (2015b). Systematic review of sensory integration therapy for individuals with disabilities: Single case design studies. Research in Developmental Disabilities, 47, 334-351.

May-Benson, T. A., & Koomar, J. A. (2010) Systematic review of the research evidence examining the effectiveness of interventions using a sensory integrative approach for children. American Journal of Occupational Therapy, 64, 403–414.

Ottenbacher, K. (1982). Sensory integration therapy: affect or effect? American Journal of Occupational Therapy, 36, 571–578.

Parham, L. D., Cohn, E. S., Spitzer, S., Koomar, J. A., Miller, L. J., Burke, J. P., & Summers, C. A. (2007). Fidelity in sensory integration intervention research. American Journal of Occupational Therapy, 61, 216–227.

Parham, L. D., Susanne Smith, S., May-Benson, T. A., Koomar, J., Brett-Green, B., Burke, J. P., Cohn, E. S., Mailloux, Z., Miller, L. J., & Schaaf, R. C. (2011). Development of a Fidelity Measure for Research on the effectiveness of the Ayres Sensory Integration Intervention. The American Journal of Occupational Therapy, 65, 133-142.

Polatajko, H. J., Kaplan, B. J., & Wilson, B. N. (1992). Sensory integration treatment for children with learning disabilities: Its status 20 years later. The Occupational Therapy Journal of Research, 12, 323-341.

Smith Roley, S., Mailloux, Z., Miller-Kuhanek, H., & Glennon, T. (2007). Understanding Ayres’ Sensory Integration. OT Practice, 12, 7.

Vargas, S., & Camilli, G. (1999). A meta-analysis of research on sensory integration treatment. American Journal of Occupational Therapy, 53, 18.

Web oficial de integración sensorial de Ayres. 2017. Disponible en: https://www.siglobalnetwork.org/

 

 

 

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2 pensamientos en “¿Es eficaz el método de integración sensorial de Ayres®?

  1. Un gusto saludarlos, una muy buena página, con una mirada crítica de la educación y respetuosa del proceso del desarrollo. Muy buen artículo. Sólo un aporte: Pediatrics, May 26, 2017:Interventions Targeting Sensory Challenges in Autism Spectrum Disorder: A Systematic Review
    Primera conclusión: “Los métodos de intervención basados en Integración Sensorial mejoraron los resultados relacionados a desafíos sensoriales y habilidad motora” Igual falta más evidencia consistente y se relaciona a Autismo y sus desafíos sensoriales, pero existe un cambio en el pensamiento.

    • Muchas gracias por la referencia. Efectivamente, hay algunos estudios que obtienen resultados modestos en variables concretas y solamente a medio plazo. Es necesario hacer más y mejores estudios al respecto. Hasta entonces, es crucial ser muy prudentes con las intervenciones que se ofrecen a los educadores y las familias.

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