CONTRA LA NUEVA EDUCACIÓN. Por una enseñanza basada en el conocimiento

UN LIBRO DE ALBERTO ROYO

 

De unos años a esCubierta_contra_nueva_educacion.inddta parte no hay curso escolar en el que no aparezca una nueva metodología más efectiva, más fácil de aplicar y más sexy que las anteriores. Cada año, los maestros nos convertimos en una diana perfecta para muchas editoriales, empresas de marketing, gabinetes psicopedagógicos o fundaciones que tratan de vendernos un método o tratamiento nuevo que revolucionará nuestras aulas o bien solucionará los problemas de lectura, atención, conducta y un largo etcétera de nuestros alumnos. Y lo hacen sin ninguna prueba contundente bajo el brazo. Sus argumentos se apoyan simplemente en observaciones e intuiciones personales, en experiencias concretas en determinados centros o con determinados alumnos, sin controlar las innumerables variables que pueden estar detrás del verdadero éxito de esa nueva metodología, si es que lo hay. Y nosotros, los maestros, les tenemos que creer.  A su vez, curiosamente, los métodos que sí tienen evidencia robusta se nos presentan como arcaicos, desmotivadores, autoritarios, incompatibles con una relación profesor-alumno sana y enriquecedora, como un obstáculo para que nuestros alumnos triunfen en la siempre cambiante realidad actual. Me refiero aquí, por poner solo algunos ejemplos, a la enseñanza directa, la memorización o la evaluación.

Ante este panorama, el libro Contra la nueva educación ha sido para mí como una bocanada de aire fresco, un oasis en medio del desierto. Su autor, Alberto Royo, dedica gran parte de su obra a hacer una defensa firme de una enseñanza basada en la trasmisión de conocimientos, de la figura del maestro como aquel que enseña a sus alumnos, ni más ni menos. Y lo hace con lucidez, sarcasmo, y ejemplos muy ilustrativos de lo que está ocurriendo actualmente en la educación de nuestro país.

Son muchas las líneas del libro que me gustaría acercar al lector desde este post pero me quedo con el siguiente enunciado: “Si el sistema educativo funcionara, pocos se animarían a vender sus recetas milagrosas”.  O, dicho de otra forma, si los maestros estuviéramos bien formados, pocos se atreverían a vendernos métodos sin ningún rigor científico. No puedo estar más de acuerdo.

 

Anuncios

Entrenamiento ocular, dislexia y dificultades de aprendizaje

 

cropped-bg_2Hace unas semanas supe que el año que viene Kristau Eskola ofrecerá a sus más de 130 centros asociados un curso llamado: “Lateralidad y funcionamiento ocular: Prevención y tratamiento en problemas de aprendizaje“.  La persona que impartirá el curso es Nuria Sánchez, psicóloga  y coordinadora pedagógica del colegio Mare de Deu del Argeis de Barcelona.

El objetivo de este post es revisar la evidencia que existe sobre la visión y su relación con los problemas de lectura y aprendizaje (la parte referida a la lateralidad, que también tiene “miga”, la abordaré en otro post). Para ello, me voy a apoyar en una excelente revisión que publicó la Asociación Americana de Pediatría (AAP) en el año 2011. Dada su extensión, simplemente voy a traducir los párrafos que, a mi parecer, resumen a la perfección la evidencia existente sobre este tema. No en vano, invito encarecidamente al lector a leer el artículo en su totalidad. Es de acceso libre y puede encontrarse aquí.

Algunos optometristas atribuyen las dificultades en lectura o parte de las mismas a una o más alteraciones oculares o visuales. El fundamento en el que se apoya su hipótesis es que los niños con dificultades de lectura muestran una incidencia mayor de alteraciones visuales. El Colegio de Optometristas en el Desarrollo de la Visión sostiene que más del 60% de estudiantes con dificultades presentan problemas de visión que contribuyen a sus dificultades. Esta afirmación no se ha probado científicamente.

La asociación de anomalías binoculares o de otro tipo con las dificultades de aprendizaje no ha sido demostrada científicamente.  L a naturaleza de la relación entre las dificultades de visión y las dificultades de aprendizaje y lectura sigue siendo una cuestión problemática que no ha sido explicada adecuadamente por parte de los optometristas que ofrecen entrenamiento visual. En la actualidad no hay evidencia científica adecuada que apoye la visión de que los problemas visuales, incluyendo el enfoque anómalo, los movimientos espasmódicos de los ojos, los ojos mal alineados o desviados, la disfunción viso-motora, la disfunción binocular, la disfunción perceptiva o las hipotéticas dificultades de lateralidad causen o incrementen las dificultades de aprendizaje. En términos estadísticos, los niños con dislexia o problemas asociados tienen la misma función visual  y salud ocular que el resto de niños.

No se ha demostrado una relación consistente entre la función visual y el rendimiento académico y las dificultades en lectura. Aunque es importante tener una visión y una movilidad ocular adecuadas para leer con la máxima eficacia, los defectos oculares leves o severos no causan dificultades de decodificación o comprensión.

La evidencia científica no respalda las afirmaciones de que la terapia visual, la ejercitación de los músculos oculares, los ejercicios de seguimiento y localización visual, la terapia visual conductual o perceptiva, las gafas de formación, los prismas, las lentes tintadas y los filtros son tratamientos con eficacia directa o indirecta en las dificultades de aprendizaje. No existe evidencia válida de que los niños que participan en terapias visuales son más receptivos a la instrucción académica que aquellos que no participan en las mismas. Los supuestos beneficios de la terapia visual, incluyendo mejoras no especificadas en la habilidad lectora, pueden explicarse por el efecto placebo, un incremento del tiempo y atención destinados a los estudiantes malos lectores, los cambios en la maduración o las técnicas de intervención tradicionales que habitualmente se emplean de forma combinada con la terapia visual.

Las revisiones de la literatura sobre la terapia visual que revelan una falta de fundamento científico han sido realizadas por investigadores en el campo de la lectura y la educación, por pediatras y por oftalmólogos.

Dado que los problemas visuales no subyacen a la dislexia, los enfoques dirigidos a mejorar la función visual mediante sesiones de entrenamiento son equivocados.

 A la luz de la evidencia, voy a lanzar dos invitaciones. En primer lugar, convido a la psicóloga Nuria Sánchez a que base los contenidos de sus cursos en la evidencia científica y no en experiencias y observaciones personales, campañas de marketing, reportajes anecdóticos o artículos de revista evaluados de forma laxa. En segundo lugar, invito a las autoridades educativas y políticas a crear comisiones de expertos (equipos de investigación duchos en la materia, con publicaciones en revistas científicas de revisión por pares que idealmente tengan contacto con docentes en activo) para que evalúen todos y cada uno de los cursos de formación continua antes de su aprobación y oferta a los colegios y asociaciones educativas, como Kristau Eskola. Esta medida junto con una formación de calidad de los futuros maestros impedirá que las aulas se llenen  de prácticas pseudocientíficas que, en el “mejor” de los casos, son una pérdida de tiempo, dinero, esfuerzo y credibilidad de la figura del maestro y, en el peor de los casos, resultan incluso perjudiciales para algunos alumnos, especialmente para aquellos con dificultades de aprendizaje.

Por cierto, ya en 2011 Juan Cruz Ripoll escribió un post sobre la evidencia existente en torno a la terapia visual y cuatro años más tarde publicó este informe junto con Gerardo Aguado sobre la ineficacia de algunas intervenciones para la dislexia entre las que se incluyeron la terapia visual y las lentes tintadas.

Referencias

Handler, S. M., Fierson, W. M., Section on Ophthalmology,  Council on Children with Disabilities, American Academy of Ophthalmology, American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus, American Association of Certified Orthoptists (2011). Joint Technical Report—Learning Disabilities, Dyslexia, and Vision. Pediatrics, 127, 818-856.