El método Berard de integración auditiva: Leer antes de usar

Hace unos meses me enteré casualmente de la existencia del método Berard de integración auditiva. Básicamente, este método consiste en exponer a los niños durante unos días a una serie de audiciones de música clásica previamente manipuladas para solucionar sus trastornos de desarrollo, conducta o aprendizaje. Al parecer, unas semanas o meses más tarde, ya se pueden apreciar las mejoras. Sorprendida ante tales resultados, he decidido indagar un poco sobre el tema.

El método de integración auditiva fue desarrollado por el médico francés Guy Berard en 1960. Este clínico sostiene que una hipersensibilidad o una sensibilidad anormal a ciertas frecuencias de las ondas sonoras están asociadas con una serie de problemas de conducta y de aprendizaje, con independencia de la capacidad auditiva general. La solución, según Berard, pasa por un entrenamiento en integración auditiva (conocido en inglés bajo las siglas AIT, Auditive Integrative Training) que posibilite una reeducación del modo de procesar los sonidos. Específicamente, el entrenamiento que propone Berard consiste en escuchar música modificada electrónicamente durante dos sesiones diarias de 30 minutos a lo largo de 10 días a través de unos auriculares. Al inicio, mitad y final del entrenamiento se hace una audiometría. Los únicos requisitos son que el paciente tolere dichos auriculares y que tenga al menos tres años de edad. Para modificar la música, Berard emplea un aparato (Earducator, anteriormente Audiokinetron) creado por él mismo que filtra los picos de frecuencia altos a los que las personas son hipersensibles y devuelve sonidos modulados por disminuciones aleatorias de frecuencias e intensidades altas y bajas.

Aunque en sus orígenes el método estaba dirigido a niños con autismo, después se extendió a un rango amplio de trastornos como la depresión, las dificultades de aprendizaje o la epilepsia tanto en niños como en adultos. En su página web, el autor enuncia los numerosos beneficios que muestran los pacientes que han recibido el entrenamiento: un lenguaje oral más claro y complejo, una menor sensibilidad auditiva a entornos ruidosos, una mejor motricidad fina, una mayor capacidad de atención y concentración, una reducción de la ansiedad e irritabilidad o una mayor confianza en uno mismo, entre otros. Además, Berard presenta los estudios que prueban la eficacia del entrenamiento. En su mayoría son estudios de caso único resumidos en apenas un párrafo y con un diseño que impide medir el efecto del tratamiento. Junto a estos, también presenta algunos estudios experimentales con muestras pequeñas y sin grupo control que, como en los casos anteriores, no permiten afirmar nada sobre su eficacia.

De esta falta de evidencia dan buena cuenta las contundentes críticas de la comunidad científica. Por una parte, en el año 1999, el Departamento de Salud de Nueva York, tras realizar una revisión de los estudios disponibles sobre el entrenamiento en integración auditiva, concluyó que aún no se había demostrado la eficacia del mismo y recomendó no usarlo en niños con autismo. Por otra parte, en el año 2003, la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición advirtió que ningún aparato de entrenamiento en audición auditiva había sido aprobado por el Departamento de Salud y Servicios Sociales. Este mismo organismo, tras realizar una revisión de estudios que ponían a prueba el entrenamiento en integración auditiva, concluyó que la mayoría de ellos presentaba limitaciones metodológicas importantes, como la falta de grupos control, y que la evidencia que apoyaba este tipo de entrenamiento para problemas de conducta era escasa en la literatura científica. Finalmente, en un informe del año 2012, la Academia Americana de Pediatría advirtió que los pediatras no debían usar el trastorno de procesamiento sensorial como diagnóstico y que debían informar a las familias de la escasez de datos existentes sobre la eficacia del entrenamiento en integración auditiva en problemas de desarrollo y conducta en población infantil. Ya en 1998, esta institución había recomendado el uso del entrenamiento en integración auditiva sólo para fines exploratorios.

A pesar de todo, son múltiples los centros y gabinetes que ofrecen el entrenamiento en integración auditiva tanto dentro como fuera de nuestro país. Concretamente, en España existen al menos 40 centros oficiales del método Berard repartidos por todo el territorio. Una titulación universitaria en medicina, psicología o en ciencias de la educación o, en su defecto, una “formación específica o experiencia probada en un área afín” son los requisitos fijados para acceder a la formación en el método Berard. Tras dos sesiones teórico-prácticas intensivas y la adquisición del aparataje necesario, el terapeuta ya está preparado para entrenar a niños y adultos. Según algunos formadores autorizados, aunque la inversión inicial es alta, se amortiza con un número reducido de pacientes ya que el coste global de un programa de reeducación auditiva para las familias es alto y el número y la variedad de los clientes potenciales son muy grandes.

No solo parece sospechoso –además de un negocio redondo– que un entrenamiento de solo diez horas llevado a cabo por personas que han recibido formación durante solo dos días pueda tener tantísimos beneficios no solo en niños sino también en adultos con un amplio abanico de dificultades y trastornos, sino que algunas de las principales autoridades en materia de salud infantil así lo confirman: el entrenamiento en integración auditiva no posee evidencia científica y, por tanto, no se recomienda su uso.

Referencias

http://www.berardaitwebsite.com/index.htm

http://www.health.ny.gov/community/infants_children/early_intervention/disorders/autism/app_c.htm

http://www.bowdiges.org/documents/files/Auditory_integration_training_for_ASD.pdf