Leer es bueno para la salud

Hace apenas unas semanas, la Asociación Americana de Pediatría (APP) anunciaba la incorporación de la promoción de la lectura en sus líneas de actuación. Esto se traduce en que, a partir de ahora, los pediatras en Estados Unidos informarán sistemáticamente a las familias que acudan a consulta sobre los beneficios que tiene leer a sus hijos, las animarán a iniciarse en esta práctica lo antes posible y, en algunos casos, cederán libros o facilitarán sugerencias de lectura para los más pequeños de la casa.

Llegados a este punto, muchos lectores se preguntarán por qué una autoridad en salud como es la APP decide ocuparse de la lectura.  Pues bien, las razones son varias y todas ellas basadas en la evidencia científica. Por una parte, leer a los niños es una de las formas más efectivas de enriquecer su lenguaje, especialmente su vocabulario y su sintaxis. Por otra parte, promueve habilidades prelectoras que se asocian con el éxito lector futuro. Además, incrementa las relaciones padre-hijo, que son críticas para el desarrollo cognitivo, socio-emocional y del lenguaje en el niño. Por último, y de ahí el título de este post, la APP subraya la relación directa que existe entre la habilidad lectora y la salud. Y es que un adulto con dificultades lectoras tiene más problemas a la hora de acceder, procesar y entender información básica sobre salud y servicios sanitarios y, por tanto, para tomar decisiones adecuadas sobre su salud y la de las personas que están a su cargo. En definitiva, un mal lector adulto expone su salud y la de sus hijos a mayores riesgos que un buen lector.

Habida cuenta de la gran importancia que tiene el hábito de la lectura, nos centraremos ahora en cómo promoverlo en los niños de una forma eficaz. Precisamente, un meta-análisis  llevado a cabo por Swanson  y colaboradores en 2011 analizó qué beneficios aportaban las lecturas compartidas o en voz alta así como qué formas de lectura eran las más eficaces en niños de entre 1 y 6 años. De manera similar a la APP, este estudio mostró que las lecturas compartidas aportan mejoras significativas al lenguaje oral de los niños, especialmente a su vocabulario aunque también a su gramática y su comprensión oral,  y a su conocimiento sobre el lenguaje escrito. Estas mejoras se extienden a grupos diversos de niños, con o sin riesgo de experimentar dificultades lectoras.

Centrándonos ya en las formas de hacer estas lecturas compartidas, el meta-análisis apuntó a la Lectura Dialógica (en inglés Dialogic Reading) como la más eficaz. Básicamente, la Lectura Dialógica consiste en que el adulto formule al niño preguntas sobre la historia o sobre los dibujos que aparecen en el libro y le dé feedback continuo. Este feedback puede ser en forma de repeticiones de lo que el niño acaba de decir, ampliaciones de la información que el niño acaba de dar o modelado de las respuestas del pequeño. En definitiva, durante la Lectura Dialógica, el adulto ha de intentar promover en el niño un papel activo más que una escucha pasiva al contar la historia. Para ilustrar todo esto, a continuación os dejo aquí  un vídeo breve y muy clarificador realizado por Naroa Martínez y Edurne Goikoetxea de la Universidad de Deusto.

Dicen que lo bueno si breve dos veces bueno, así que para terminar rescato ocho consejos muy sencillos que lanzó la APP hace ya veinte años y que siguen siendo igual de valiosos hoy en día tanto para las familias como para los maestros:

  1. Lee todos los días a tu hijo, aunque solo sean 10 minutos. Es tiempo compartido juntos.
  2. Leer tiene que ser divertido. No tienes por qué leer una historia hasta el final si el niño pierde interés.
  3. Deja que sea tu hijo quien elija qué libro quiere leer, aunque eso signifique leer el mismo una y otra vez.
  4. Invita a tu hijo a que te “lea” un libro muy familiar que ha memorizado a base de habérselo leído tú muchas veces.
  5. Haz pausas y pregunta al niño sobre las ilustraciones o sobre qué cree que pasará a continuación en la historia. Las respuestas te pueden sorprender.
  6. Lee libros para niños variados, incluyendo cuentos clásicos, poesías o libros de rimas.
  7. Atiende a los intereses de tu hijo al elegir los libros. Hay muy buenos libros sobre temas no solo ficticios como el océano o los perros.
  8. ¡Acude a tu biblioteca local más cercana!

Referencias

American Academy of  Pediatrics. Literacy promotion: An essential component of Primary Care Pediatric Practice. Pediatrics. Obtenido de http://pediatrics.aappublications.org/content/early/2014/06/19/peds.2014-1384

Swanson, E. A., Wanzek, J., Petscher, Y., Vaughn, S., Heckert, J., Cavanaugh, C., Kraft, G., & Tackett, K. (2011). A synthesis of read-aloud interventions on early reading outcomes among preschool through third graders at risk for reading difficulties. Journal Learning of Disabilities, 44, 258-275.

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